La lenta muerte de la administración pública. El reto del SXXI

Todos sabemos que el sistema de función pública que determina las reglas de funcionamiento organizativo no está en decadencia está absolutamente caduco.

Para las organizaciones públicas del SXIX fue un gran avance, no así para las organizaciones de finales de SXX. Para las organizaciones del SXXI es un cáncer, un sistema al que se debe engañar para funcionar, un lastre que fomenta la ineficiencia de lo público y que probablemente lo matará.

Mayoritariamente las corrientes e iniciativas puestas en marcha que pretenden modernizar la gestión de “lo público” son tan eficaces como administrar una aspirina a alguien con una enfermedad terminal: bienintencionadas e inútiles.

 

No actuar o dar curas paliativas es matar al enfermo

Estas curas paliativas, la ausencia de acción, está destruyendo la imagen de lo público, de los servicios que se dan al ciudadano. Legitima a aquellos que señalan que la única solución es matar al enfermo o en el mejor de los casos mutilar el miembro con más gangrena.

Los defensores de lo público deberían promover una revolución del sistema que hiciera saltar por los aires buena parte de los cimientos de los sistemas organizativos y de Recursos Humanos para poder dar un servicio del XXI. Las ideas ya están. Sólo hace el coraje para aplicarlas.

Aquellos que desde la responsabilidad en el día a día, o mediante diferentes metodologías luchamos por mejorar el sistema mediante gobierno electrónico, gobierno abierto, mejora de la calidad o la innovación en lo público debemos saber que las medidas que se requieren para conseguir más eficiencia son más estructurales. Lo que hacemos son sólo curas paliativas, alargar la vida de un sistema que nació para otra época y que debe morir.

El efecto es una deslegitimación de lo público que se traduce en la desaparición de servicios públicos y en su substitución de la gestión pública por servicios privados.

Ahora es la crisis, mañana serán estudios que demuestren la ineficiencia. Siempre habrá buenas razones para matar a lo ineficiente. El tiempo sólo sirve para legitimar un discurso que avanza inexorablemente: la ineficiencia de lo público.

Es necesaria una reforma radical y en profundidad de la administración pública, muy especialmente de la función pública: su sistema organizativo y de recursos humanos. ¿Pero que es lo que permite que el sistema no avance? ¿Cuáles son los enemigos del sistema?

Los principales “enemigos” del sistema público

A-Los “enemigos clásicos”: los más señalados pero los menos relevantes

  1. Las ideologías antipúblicas: Desde un punto de vista ideológico muchos tenderán a ver estas ideologías detrás de partidos, poderes y siglas “liberales” y corrientes políticas conservadoras como los verdaderos culpables que propician el desmantelamiento del sistema pues en sus tesis ideológicas esta la desconfianza frente lo público.
  2. Los “intereses privados” o “intereses económicos” son también señalados cómo los culpables de la progresiva demonización de lo público, pues pueden mover y manipular cualquier voluntad y actúan sobre los partidos políticos y grupos de presión en función de sus intereses. El dinero como motor de decisiones no justas es siempre un seguro e imprescindible candidato cuando se trata de hacer la lista de enemigos.

B- Los “aparentemente” importantes enemigos: las cabezas visibles del sistema

  1. La falta de liderazgo político: la falta de coraje, la moderación de los defensores y reformistas del sistema actual. Los que pretenden solucionar el problema con leyes inútiles y movimientos voluntaristas que no ponen el foco de la mejora real del sistema sin atreverse a liderar el cambio necesario.
  2. La falta de liderazgo en los directivos públicos: El liderazgo interno es totalmente insuficiente e insustituible.  La administración pública necesita una nueva generación de líderes formados, seleccionados y desarrollados para ello. “Sin liderazgo las reformas en profundidad son imposibles” es la amarga queja que casi cualquier funcionario en los más apartados rincones de nuestra administración te comentará. No por repetida, menos cierta.

C- Los enemigos pasivos con una relevancia creciente

  1. Los profesionales públicos y la nueva inteligencia colectiva: las reformas necesarias y evidentes para cualquier profesional deberán ser impulsadas por un clima favorable desde los propios implicados.. Y ésta responsabilidad en el futuro será enormemente mayor. El motor y el freno de las reformas cada vez más pasará por los propios empleados públicos y estos son los que con su actitud, participación/no participación y responsabilidad y demandas serán el motor del cambio. O los responsables de su destrucción por su ausencia de autoresponsabilidad.  La inteligencia estará cada vez más distribuida y no tomar el poder, sin que te lo den, será abdicar de tu responsabilidad y te convertirá en el enemigo del sistema: un enemigo pasivo.
  2. Las comunidades que se rinden frente al corporativismo: Las actuales asociaciones de empleados de funcionarios son percibidas como una tupida y oculta red de intereses “profesionales” que prioriza los “intereses” del colectivo frente a las mejoras  del sistema.  Suelen ser percibidos por los líderes del cambio como la  resistencia “oculta del cambio”.  Sin embargo muchos considerán que son los colectivos de funcionarios los que mayor poder potencial para  cambiar el sistema tienen. Si no actúan con la urgencia, voluntad de servicio y coraje suficiente esto los convierte de facto, por pasividad, en los mayores enemigos de la gestión de lo público.

Invertir el funcionamiento colectivo corporativista en nuevas comunidades de innovación que eliminen las barreras del cambio y que creen dinámicas positivas que aprovechan el talento enterrado de millones de profesionales es el nuevo reto del SXXI que urgentemente se debe  asumir y que la tecnología y las redes sociales deben facilitar y nuevos marcos legislativos deben propiciar.
 

Un nuevo marco legislativo que debe potenciar personas y la inteligencia colectiva

Somos responsables de lo que hacemos, pero también de lo que no hacemos. No mejorar algo tan importante como nuestro entorno laboral no puede considerarse fuera de nuestra responsabilidad.  Y nadie debe esperar en el ámbito ciudadano a que le den el poder, debe tomarlo. Si no actúas frente a algo que no funciona eres cómplice. Aunque todos sabemos esta percepción no está demasiado compartida.

Por ello sé que para muchos el cambio, superar la inanición generalizada que se da en los protagonistas pasivos del sistema, es imposible y por tanto la muerte lenta y agónica del sistema es inevitable. Probablemente será así, aunque no será una muerte fácil todos conocemos muchos funcionarios, directivos públicos y políticos dispuestos a luchar por la dignidad de lo público y que morirán luchando.

Para salvar a estas instituciones de una muerte casi segura se necesita una nueva visión de lo que es la administración pública: organizaciones innovadoras al servicio del ciudadano que ahora debe ser potenciada por las nuevas tecnologías.

Esa nueva visión que requiere un nuevo sistema organizativo y de RRHH amparado en un nuevo marco legislativo que regule la función pública. Este nuevo marco debe permitir la flexibilidad y la innovación basada en el protagonismo de las personas, que haga funcionar a las miles de organizaciones públicas con la inteligencia de millones funcionarios y que las dote de los mejores fundamentos de gestión.

Las redes sociales, la tecnología, el marco organizativo y legislativo son sólo son herramientas que permiten el cambio, pero este no es el reto del SXXI. El reto es conseguir el liderazgo y compromiso de todos los profesionales organizados de otra forma mediante comunidades de mejora.

El cambio es demasiado profundo y complejo, no existirán líderes ni héroes salvadores, sólo puede gestionarse desde dentro con la inteligencia colectiva de todos sus profesionales y directivos.

En caso contrario sólo cabe esperar a que políticos responsables, no se sabe de qué color, vehiculen las demandas de la sociedad frente a organizaciones que se considerarán caducas, ineficientes, caras y las eliminen a la velocidad que las circunstancias vayan dictando.

La crisis sólo es un acelerador, un aviso. El estrangulamiento financiero una poderosa razón. Pero no es la que legitima la percepción en el imaginario colectivo de una organización burocrática, antiinnovadora que no se moderniza al ritmo que marcan los tiempos.

La única salida a una más que probable muerte agónica consistente en un desmantelamiento progresivo de la gestión pública es construir desde dentro una gestión innovadora que aproveche el máximo talento de las personas trabajando de forma colaborativa, dando más protagonismo al empleado público, este es el reto del SXXI.

Otros Post Relacionados:
10 acciones para innovar en las AAPP
Cómo reinventar la administración pública desde las personas
Mantras políticos del e-Government: seremos innovadores o no seremos
Tres apuestas para modernizar la administración
¿Se necesita un político suicida o un líder?
El directivo debe ser el Community manager

7 comentarios to “La lenta muerte de la administración pública. El reto del SXXI”

  1. AndaluzaJASP Says:

    Interesante artículo… me ha hecho recordar la cita de Albert Einstein:
    “No estamos en una época de cambios, sino ante un cambio de época”

  2. Leticia Santos Garza Says:

    Muy interesante su articulo, vivo en Monterrey NL una ciudad importante, de negocios, de Mexico, y estos ultimos
    años se vino una ola de violencia del narcotrafico que el gobierno ha hecho todo lo posible por frenar y poder
    seguir adelante la violencia aqui ha atemorizado a la poblacion, han pasado cosas que jamas habiamos visto
    como si fuera una guerra, nuestra esperanza es que el gobierno pueda frenar todo esto, y es un trabajo de
    todos los ciudadanos, los medios de comunicacion y gobierno

  3. Juan Says:

    No voy a discutir que son múltiples los cambios necesarios en las AAPP, cambios que posibiliten dotarlas de una mayor eficacia, y coincido con el autor en que esos cambios se deberían generar desde dentro porque de otra forma serían ineficaces.
    Ahora bien, toda la campaña mediatica a la que estamos asistiendo no tiene más que un fin, la privatización de lo público. Las grandes “economías” necesitan YA diversificar sus negocios, sus fuentes de ingresos y beneficios y una vez privatizados servicios como son el sumistro de energía, las comunicaciones, etc, ¿Qué queda?, evidentemente esperan obtener magros beneficios privatizando servicios tan imprescindibles como la sanidad, la educación, la atención a personas dependientes, etc.

  4. Jordi Cabré Says:

    Artículo muy interesante.

    Coincido en que desgraciadamente todos las medicinas hasta hoy son simples “ajustes” paliativos que alargan la enfermedad.

    Las medicinas que hoy se aplican no sólo no están bien orientadas, van en la dirección contraria: cortoplacistas y sin visión. Un enfoque exclusivo a la reducción de costes tiene un efecto opuesto en el largo plazo, creando más ineficiencia en un sistema que reacciona autoprotegiéndose.

    La principal explicación de su supervivencia e ineficiencia es su elevada sobre-protección. Sus problemas no obstante no son muy diferentes de los del sector privado en general, salvo porque su extinción por sistemas más eficientes están imposibilitados.

    Sólo cambiando el sistema se puede mejorar, con una visión de valor añadido al ciudadano. ¿Desde dentro? Si, pero con Conocimiento aportado desde fuera. Sin copiar los errores del sector privado.

    La Administración Pública y la ciencia del Management http://wp.me/p16VSv-9h

  5. Enrique Says:

    Las organizaciones públicas están inmersas en los últimos años en procesos constantes de reforma y adaptación a las transformaciones sociales, económicas, demográficas y tecnológicas que están caracterizando las sociedades del siglo XXI

    La crisis que estamos atravesando pone especialmente de manifiesto la necesidad de incorporar auténticos managers que orienten la organización a la eficacia y la calidad. Cualquier reforma que trate de incorporar medidas de eficacia, eficiencia, racionalidad económica no dará resultado si no cuenta con los directivos públicos profesionales bien calificados para su aplicación.

  6. F. Fuster-Fabra (@f_fusterfabra) Says:

    Mejor expresado imposible, Virginio. El problema es que el funcionamiento de la Administración Pública está caduco pero permanece en manos de personas también caducas y poco creativas la transformación de la organización para adecuarlo al siglo en cual vivimos ya más de una década. ¿Qué hacer? ….. Pronto sacaré un ensayo sobre mis reflexiones. Ya te lo haré llegar, para que me des tu propia visión al respecto.

  7. Isabel Iglesias (@enpalabras) Says:

    Interesante análisis. Lo importante es ser capaces de trazar una buena hoja de ruta, ¿verdad?.
    Gracias por compartirlo.
    Un saludo


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: