¿Se necesita un político suicida o un líder?

David Osborne ya señaló hace más de una decada y media en su  Reinventing the Governement puzzleen que consiste el problema básico de la administración pública . Su mensaje, con el que todos estariamos de acuerdo, es que la administración pública es el único sector de la sociedad que no se ha visto en la necesidad de volver a reinventarse y que sus estructuras burocráticas deberían ser substituidas por otras más flexibles, creativas e innovadoras. Hablaba de la necesidad de un liderazgo transformador en estas organizaciones como motor de la transformación.

Una necesidad evidente para todos

Aunque lo parezca, no es cierto que nada haya cambiado en las dos últimas dos decadas. Hay algunos excelentes ejemplos de transformaciones profundas cómo por ejemplo la Administración Tributaria y hay un elevado consenso en introducir nuevas heramientas tecnológicas y desarollar la administración electrónica. El discurso de cambio está en todas partes, incluso algunos van mas allá y apuestan por propuestas más audaces con una elevada popularidad como los Public Services 2.0. una nueva filosofía que por ejemplo recoge “The Open Declaration”.

Hay un elevado consenso sobre que necesitamos una administración pública de calidad si queremos ser un país de calidad. Lo privado no avanza sin lo público, ni tampoco lo hará nuestro bienestar social, nuestra educación y tantos otros temas relevantes. Nuestra riqueza económica depende la calidad de servicio y de la eficiencia de nuestra administración.

Pero la percepción general es que nos encontramos ante una administración poco innovadora, desfasada, incapaz de adaptarse a las transformaciones que se requieren y de generar soluciones que puedan atender las nuevas necesidades sociales. Y su legitimidad es muy a menudo puesta en duda. Pero aunque en nuestros políticos, tanto de posturas más de izquierdas  cómo de derechas, hay un elevado consenso verbal en la necesidad de una modernización y de una nueva filosofía de funcionamiento, nadie parece tener prisa por actuar.

No obstante algo esta cambiando en la lentitud de los “tiempos “y en la “urgencia”. La crisis ha incrementado una presión que ya existía para que lo que público sea más eficiente, e incluso desde la propia administración se habla de la necesidad de introducir conceptos cómo innovación de forma más rápida. Y recientes medidas, aparentemente poco populares que años atrás hubiesen sido impensables, que buscan mejorar la productividad de los trabajadores públicos como las del Gobierno de Silvio Berlusconi ( de las que sólo se conocen las impactantes sanciones previstas para los funcionarios) son aplaudidas por muchos en Blogs, diarios, radio,…

Acerca del nudo Gordiano

El elemento de fondo que hace más impopular a la Admisnistración Pública reside en que la Administración tiene una cultura poco orientada al desempeño. La razón básica que se esgrime entre los expertos es que los directivos públicos están muy limitados para tomar medidas para promover el desarrrollo y premiar el esfuerzo, flexibilizar y adaptar sus organizaciones. Todo ello debido a una legislación anticuada.

La principal dificultad o nudo gordiano, y aparentemente  más difícil de cambiar, es un marco jurídico para que los gestores puedan tener cierto margen de maniobra y puedan crear nuevas culturas innovadoras.

El EBEP, la ley 7/2007, de 12 de abril del Estatuto Básico del Empleado Público, ha supuesto una oportunidad positiva en este sentido, ya que Fomenta un modelo de carrera horizontal en el que se valoran competencias y rendimiento y se habla del papel del directivo público. Pero, esto sólo son buenos principios. Principios abstractos que efectivamente hablan de las soluciones pero que necesitan concretarse.

Pero, se ha diseñado un Estatuto tan flexible y amplio para que las autonomías y administracioneslegislen  mediante las leyes reguladoras de la Función Pública en el ámbito de sus respectivas competencias, que en realidad sólo se ha dado un paso dentro de este complejo camino.

¿De por qué el EBEP tampoco funcionará?

Pero, el EBEP no está generando los resultados que los más positivos esperaban de esta ley (los más negativos nunca espararon nada). Lo cierto es que parece que cuesta demasiado avanzar, parece que nadie se atreve a buscar soluciones concretas dentro de este marco que incidan de forma seria en el cambio cultural que se necesita, un cambio hacia Culturas Innovadoras. Diriase que se prefiere mirar para otro lado, a pesar de una elevada coincidencia en el discurso de lo necesario que son este tipo de reformas ¿Por qué?

Se dice que concretar en estos aspectos es un asunto sumamente delicado que puede restar muchos votos (de trabajadores de las cosa pública) y el riesgo se percibe tan elevado que es mejor que comiencen “otros”.

Entre los gestores de lo público, en voz baja, se dice que lo que se necesita un político que no estime demasiado su carrera política, que quiera asumir el riesgo de enfrentarse a un previsible conficto de resolución incierta en asuntos, como la gestión de personas, donde las administraciones muy a menudo carecen de buenos expertos. Se dice que se necesita un político que anteponga sus intereses en votos, al interes de su administración. Se dice, mitad en broma mitad en serio, que se necesita un político suicida.

Hablar de Cultura innovadora en lo público implica un cambio de paradigma que necesita de políticos, legisladores y gestores que erradiquen la estructura burocrática tradicional, pero no necesita de héroes ni de suicidas, si no de personas que actúen. Si no nos pasaremos otras dos décadas dicicendo lo que debemos hacer, pero sin hacer nada.

En este Blog hablamos muy a menudo de Liderazgo Transformador como aquel que es necesario para realizar transformaciones difíciles, para obtener el mayor talento desaprovechado de las organizaciones (que en las adminsistraciones públicas abunda) y poder conseguir la innovación. Y sabemos que para ello sólo es necesario conocer las herramientas que permiten gestionar el cambio y la innovación, y es cierto, algo de coraje. Por, ello si tomamos como ejemplo lo que pasa en el resto de las organizaciones no públicas, la respuesta seria “no”. No se necesitan políticos suicidas, sólo líderes transformadores que actúen.

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Acerca de la ineficiencia de los funcionarios

4 comentarios to “¿Se necesita un político suicida o un líder?”

  1. MarcG Says:

    Coincidimos plenamente.

    Hace tiempo que también digo que se necesitan líderes que sean capaces de poder empezar los cambios que las administraciones públicas necesitan.

    La semana pasada hubo un interesante evento en la Generalitat, la idea era hablar sobre cómo empezar para trabajar en red en la Administración.

    Tengo pendiente el post con mis impresiones del evento… pero sí que tengo un post previo al evento (dónde hablo, entre otros conceptos, de la necesidad del liderazgo).

    Gracias por el post, muy interesante.

  2. vgallardo Says:

    Marc, tal y cómo expresas en tu Blog creo que la tecnología y especialmente las tecnologías en red serán uno de los motores básicos del cambio

  3. Sandy Says:

    cOdJfQ Very true! Makes a change to see someone spell it out like that. :)

  4. La lenta muerte de la administración pública. El reto del SXXI « SUPERVIVENCIA DIRECTIVA |sólo el cambio permanece Says:

    […] e-Government: seremos innovadores o no seremos Tres apuestas para modernizar la administración ¿Se necesita un político suicida o un líder? GA_googleAddAttr("AdOpt", "1"); GA_googleAddAttr("Origin", "other"); GA_googleAddAttr("theme_bg", […]


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