El talento es el activo fundamental a gestionar por las organizaciones que quieran ganarle la partida al futuro.
Pero los sistemas que pretenden gestionar el desempeño de las personas se han convertido en rituales burocratizados que tienen un elevado nivel de fracaso respecto a sus objetivos iniciales: potenciar el desarrollo de las personas en relación a nuestra estrategia y tener elementos de juicio respecto a la toma de decisiones.











