Vivimos en el mundo del estrés laboral, del working burning y de la precariedad emocional donde se extienden enfermedades como la depresión y la ansiedad,
donde se diría que no hay nada que descuidemos tanto como nosotros mismos.
Vivimos en el mundo de elevada longevidad, con esperanzas de vida que cada vez se acercan más al siglo y en el se que está apareciendo una preocupación creciente sobre como deberíamos cuidarnos más y de forma más científica a nosotros mismos.
Vivimos en el mundo de la obsolescencia profesional, donde los conocimientos y los hábitos son efímeros, donde los profesionales como nunca antes tienen enormes dificultades para no quedarse atrás y donde el intenso ritmo de trabajo dificulta el desarrollo profesional.
Vivimos en la sociedad de la innovación donde los expertos manifiestan sin dudas que se requiere de directivos y profesionales creativos y abiertos a nuevas perspectivas, capaces de reinventar no sólo productos y procesos si no también modelos de negocio.
Vivimos en un mundo de contradicciones entre lo que vivimos profesionalmente y lo que aparentemente deberíamos hacer. Dejarse llevar por las circunstancias y el ruido es ir a una más que probable precariedad personal y profesional sin siquiera esperar a acercarnos a nuestro probable casi siglo de vida. Y para las organizaciones significa profesionales envejecidos, poco útiles, frenos a la innovación, especialmente en directivos, y por tanto estorbos prescindibles.










Hay muchas personas perdidas en su vida profesional, que no encuentran una salida a un día a día que no les satisface, pero que siguen ahí esperando un cambio que no llega. Personas que buscan la realización fuera del entrono laboral por no esperar nada de él, por que no saben cómo cambiar sus circunstancias. Personas que quizás se plantean que existe otra opción profesional mejor, pero que prefieren mirar hacia otro lado para, para sobrevivir a su propia realidad.
comentaba Punset, en uno de sus últimos programas de REDES. Lo cierto es que nuestro cerebro nos engaña muy amenudo, nuestras percepciones son muy subjetivas, tenemos una especie de sistema inmunológico emocional que nos hace percibir la realidad para que ser más felices. En muchos casos percibimos nuestra realidad cómo más nos conviene desde un punto de vista adaptativo.
creativo y poco innovador lo sea con su organización. El freno de la innovación organizacional son sus directivos, los que deberían ser sus líderes y dirigirlas hacia nuevos caminos nuevos y desafiantes. Si el crecimiento empresarial y la supervivencia organizativa depende de la capacidad de sus directivos de reinventarse cada día. ¿tu te reinventas?
bueno de internet es que los niños se te educan solos“. Si. Creo que todos podemos estar de acuerdo con las experiencias vitales de este extraño personaje/filósofo de los nuevos tiempos. Pero, si eso pasa con los niños ¿sería también posible que esto pasara con otros colectivos, cómo los directivos?





