Vivimos en el mundo del estrés laboral, del working burning y de la precariedad emocional donde se extienden enfermedades como la depresión y la ansiedad,
donde se diría que no hay nada que descuidemos tanto como nosotros mismos.
Vivimos en el mundo de elevada longevidad, con esperanzas de vida que cada vez se acercan más al siglo y en el se que está apareciendo una preocupación creciente sobre como deberíamos cuidarnos más y de forma más científica a nosotros mismos.
Vivimos en el mundo de la obsolescencia profesional, donde los conocimientos y los hábitos son efímeros, donde los profesionales como nunca antes tienen enormes dificultades para no quedarse atrás y donde el intenso ritmo de trabajo dificulta el desarrollo profesional.
Vivimos en la sociedad de la innovación donde los expertos manifiestan sin dudas que se requiere de directivos y profesionales creativos y abiertos a nuevas perspectivas, capaces de reinventar no sólo productos y procesos si no también modelos de negocio.
Vivimos en un mundo de contradicciones entre lo que vivimos profesionalmente y lo que aparentemente deberíamos hacer. Dejarse llevar por las circunstancias y el ruido es ir a una más que probable precariedad personal y profesional sin siquiera esperar a acercarnos a nuestro probable casi siglo de vida. Y para las organizaciones significa profesionales envejecidos, poco útiles, frenos a la innovación, especialmente en directivos, y por tanto estorbos prescindibles.
Leer el resto de esta entrada »