Innovar necesita de líderes que quieran impulsar cambios en entornos donde el conocimiento y la complejidad se han vuelto inmanejables.
¿Por qué tantas empresas no consiguen impulsar estos cambios y fracasan? Una respuesta frecuente es porque sus líderes se olvidaron de escuchar.
Innovar es sobre todo decidir sobre nuevos destinos y retos, pero tal como nos decía James Surowiecki en The wisdom of the crowds:
“Cuanto más poder le des a un solo individuo frente a la complejidad y la incertidumbre, más probable será que tome malas decisiones. Como consecuencia, hoy en día hay muy buenas razones para que las empresas traten de pensar más allá de la jerarquía”.
Otro autor, Daniel Innerarity, lo denomina “ignorancia sistémica” que, traducido a palabras coloquiales, sería “el que manda ya no es el que más sabe”. Cuanta mayor información tenemos, cuanta más incertidumbre haya, más queda desbordada la capacidad de decisión de los decisores individuales.
La gran cuestión es cómo podemos protegernos de nuestra propia irracionalidad de pensar que podemos decidir más de lo que estamos preparados para decidir.













