Las empresas y las organizaciones públicas dicen que quieren ser innovadoras pero si pides concreción probablemente te encontrarás con la ya
conocida sonrisa amable, un tanto forzada, acompañada de la típica respuesta esquiva e improvisada del que no sabe que responder.
Las organizaciones, al igual que las personas, están llenas de contradicciones, forma parte de su naturaleza. Lo estratégico que aparentemente determina nuestro futuro es un concepto borroso, pero el aspecto más nimio de la organización se mide y se controla con una absurda y férrea pasión.
Desde hace mucho tiempo que ha habido iniciativas para innovar. Ahora muchas organizaciones substituyen los clásicos comités de innovación y grupos de mejora con los viejos objetivos de innovación con nombres y mecanismos más modernos: las comunidades virtuales.
En estas nuevas comunidades pasa lo que pasaba antes: son iniciativas difíciles de mantener. Pero, ahora hay quizás más sentimiento de fracaso, pues se les atribuye a las redes sociales poderes casi místicos. En las redes socialesfrecuentemente pasa lo inevitable: de cada 100 personas una propone, 10 contestan y el resto mira al principio por la novedad. Poco a poco, si la comunidad esta mál diseñada y dinamizada, incluso dejan de mirar y sólo quedan los estoicos hasta que se cansan.












