La principal barrera de la innovación está en la mente del directivo

Nos encanta simplificar la realidad, para hacerla más sencilla, nos encanta disponer de pildoras milagrosas que sin complicaciones nos permitan ser más felices, pero los mensajes simples son muy peligrosos.

El nuevo talismán del éxito, espoleado por el auge de la psicología positiva, se llama autoconfianza, la energía en forma de motivación para la superación de objetivos, lo que te permite multiplicar tu rendimiento para llegar donde los demás nunca podrán llegar. Ya lo habrás oído: “La mente puede conseguir cualquier cosa que sea capaz de concebir o soñar… sueña…” Y todos lo sabemos es tan fácil soñar,…es tan fácil tener las manos llenos de deseos,…

Sin embargo los efectos de este nuevo “elixir” del éxito es el responsable del peor de los pecados del directivo que supone la principal barrera de la innovación que destruye implacablemente a las empresas ¿Quién sabe quizás te este afectando a ti?

Autoconfianza,  autoestima o autoeficacia

Ya habrás oído la sencilla tesis que nos propone que para realizar lo que nos proponemos, para poder dar lo mejor de nosotros, para potenciar todas nuestras otras habilidades y competencias específicas necesitamos de la autoconfianza y la autoeficacia como la capacidad de sentirse capaz de tareas y proyectos: “Tendemos a ser lo que creemos que somos“.

Hasta ahora cientos de poetas y escritores de esos llamados de “autooayuda”  habían lanzado un mensaje realmente agradable de escuchar: “debes pensar que puedes conseguir lo que quieras”.

Es tan agradable que te digan que tu éxito depende de que vivas sin miedo, que sólo basta que sientas que la suerte te acompañe, que sólo basta que pienses que los sueños no son imposibles, que sólo basta con que los intentes tocar con tus dedos… si realmente es tan agradable.

Aunque para algunos suenan a palabras frágiles de cristal, palabrería de charlatanes o de bienintencionados humanistas. Lo cierto es que el fondo de estas tesis esta avalada por la psicología. El creador de la teoría de la autoeficacia es  Albert Bandura probablemente el psicólogo académico contemporáneo más serio y más citado. O el que más lo ha promovido es nada menos que el padre de la psicología positiva  Martin Seligman como presidente de la American Psychological Association.

Son cada día más los estudios que intentan demostrarnos que la capacidad de autoconfianza es la que explica el éxito incluso entre individuos de inteligencia general equivalente y que nuestras propias expectativas suelen ser las mejores predictoras de lo que obtengamos.

¿Que pasa cuando hay mucha autoestima (= Amarse a uno mismo) en directivos?

Si, que sucede cuando alguién tiene demasiada “autoestima”, que sucede cuando su “autoconcepto” es muy elevado.

Muchos dirían que estas personas han sido tocados por el dedo de los dioses. Han superado el mal al que están destinados al resto de los mortales que escuchan “el no puedo” que “son los enemigos de si mismos”, que se sienten poco capaces de asumir los grandes retos, de correr riesgos, lo que les provocan inacción y vivir por debajo de tus posibilidades por el paralizante miedo.

El individuo que se quiere a sí mismo aparentemente es todo lo contrario: confía en si mismo extraordinariamente. El mensaje de “Ama a tú prójimo, como a ti mismo” se convierte en “amate a ti para que el mundo te ame”  Y si “te amas mucho el mundo te amará más”

Muchos directivos que han llegado a la cima de sus organizaciones tienen este “amor por si mismo” extraordinariamente desarrollado y confían extraordinariamente en si mismos como única compañía de una casi una segura soledad que el poder su posición desgraciadamente  les condena.

Ello hace que para tomar sus decisiones confíen en si mismos, que se basen en su experiencia exitosa, resultado de una dura y prolongada selección de los mejores, o al menos, de los profesionales “mejor” adaptados a un determinado entorno organizativo. Tras muchos años, muchos años, han ido incrementando su autoeficacia demostrada una y otra vez en las duras batallas en el duro mundo empresarial.

Pero este tipo de trayectorias crean un extraño fenómeno,  el principal cancer directivo, que mata lenta pero implacablemente: la autocomplacencia (el exceso de amor hacía si mismo).

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La extraña enfermedad de la “alta estima”

Lo que ayer nos permitió tener éxito, puede que no sea lo que mañana nos lo dará. El éxito suele ser el peor enemigo de la transformación personal y de transformación empresarial

Nuestras emociones no nos permiten ver la “necesidad de cambiar”. Esto le sucede a cualquier ser humano, pero tiene connotaciones diferentes en los directivos pues afecta a toda la empresa.

Si la “enfermedad” que provoca más muertes directivas es la obsolescencia directiva, la incapacidad de cambiar, es el  peor de los “virus” que la provoca se llama autocomplacencia (o si se quiere “una alta estima de si mismo”).

El poder, la posición y el status no ayudan a mantener una escucha activa sobre cuáles son las necesidades de cambio personal ni del cambio organizacional. Entre los altos directivos son pocos los que tengan subordinados o colegas que se atrevan a sugerir de forma seria a sus jefes que aspectos deberían ser cambiados. Para muchos directivos, incluso esto podría ser percibido cómo un signo de debilidad.

Se diría que una vez llegado a directivo no hay nada que aprender y que cuesta más escuchar sobre que hay que hacer.

En nuestro entorno son frecuentes Culturas Organizativas donde los directivos se manejan con elevados signos de estatus y donde la cercanía con sus subordinados o colegas no se promueve. Donde la alabanza fácil de los subordinados y compañeros es la moneda común.

En estos entornos no es necesario tener una personalidad narcisista para que los efectos de ocupar un rol directivo durante muchos años sean tan devastadores cómo si efectivamente el directivo tuviese este tipo de personalidad patológica: relaciones interpersonales distantes, baja humildad, dificultad de aprender de colaboradores y colegas y ninguna motivación para el conocimiento de las ideas de los demás o la autocrítica.  Al final deriva en un efecto devastador para la organización la incapacidad para detectar ideas creativas e innovadoras, para detectar los errores o mejorar.

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La clave del éxito consiste en autodestruirse sistemáticamente

Los directivos necesitan desarrollar una automirada crítica en todo lo que hacen que es lo que permite detectar la necesidad de cambiar de perspectivas. Necesita de elevadas dosis de humildad que le permitan luchar contra el entorno que se crea en las posiciones directivas donde suele haber autenticas “borracheras” de éxito y “poder” difíciles de evitar.

Sabemos que el  éxito genera “alta estima” y que es el fenómeno que hace que seamos profundamente vulnerables. Por ello el éxito del directivo duradero, como la de cualquier otro profesional, consiste en ponerse en duda constantemente. Poner en duda todo lo que sabemos, en desconfiar de nosotros mismos, en desconfiar de nuestra autoeficacia y establecer mecanismos para destruirnos sistemáticamente, por que sabemos que lo que sabemos y que nuestras competencias son exitosas, pero fugaces.

La rapidez del cambio hace que sólo aquellos que cambien muy rápidamente puedan adaptarse. Esto implica la búsqueda constante y casi paranoica de las debilidades de nuestra eficacia, ponerse  en duda cada día y desconfiar de lo que uno sabe, de tener cierto miedo … de dudar, de de analizar como destruir lo que fuiste.

Sólo si sabes que “debes ser tu principal enemigo” y que lo peor que puedes hacer”es amarte demasiado a ti mismo”, sólo si sabes que el objetivo final es destruirte a ti mismo de forma sistemática e implacable y dejar lo fuiste un día, sólo así  tienes algunas  posibilidades reales de sobrevivir.

Si, sólo así podrás reinventarte cada día y podrás reinventar tu organización, si no lo consigues, como la mayoría, envejecerás y harás envejecer a tu organización, que morirá al mismo ritmo implacable que morirás tu. Por qué la principal barrera de la innovación que debes superar es la autocomplacencia, especialmente desarrollada en la mente del directivo.

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11 comentarios to “La principal barrera de la innovación está en la mente del directivo”

  1. Amalio A. Rey Says:

    Virginio: Estando de acuerdo con el daño que provoca el ego y la sucesión de éxitos en algunos directivos, no creo que sea el mal mayor que padecen nuestras organizaciones. Es que tenemos que diferenciar lo que es la “autoestima” del “ego”. La autoestima es buena en todos los casos pero el ego, un exceso. Sigo hace tiempo a Seligman y a los maestros de la psicología positiva. Ellos le deben mucho al gran Mihalyi Csikszentmihalyi, para mí, el mejor de todos los tiempos. Creo que sus consejos son estupendos, y tengo pocos “peros” que ponerles. No son culpables del ego, ni de la creencia engañosa de algunos directivos de que “rentabilidades pasadas garantizan rentabilidades futuras”. Más bien todo lo contrario, porque hablan de la “felicidad”, que no es lo mismo que el “éxito”. La frase que dice “La clave del éxito consiste en autodestruirse sistemáticamente” te confieso que no me gusta. No es sana. Las palabras no son inocentes, y “autodestrucción” es un palabro perjudicial. Nadie debería usarla, ni mi peor enemigo. Del mismo modo que rehuyo de la palabra “éxito” cuando se trata de personas. Creo que la clave está en la “satisfacción” con uno mismo (el “exito” es falso, es como te ven los demás), y eso lo tratan de forma certera los buenos psicologos positivos. Con tu permiso, esa frase la cambiaría por esta: “La clave de la satisfacción personal está en conocerse y en ser humildes”. Tema interesante, sin duda… un saludo

  2. Carmen Gloria Segovia Says:

    Comparto el contenido….sin embargo la forma o los conceptos utilizados vendrian siendo los opuestos….el ser humano producto de una profunda inseguridad interna lo compensa justamente con el extremo polar del EGOCENTRISMO, lo que es muy diferente de alta autoestima…….una persona con alta autoestima genuina es una persona humilde porque no necesita compensar esa inseguridad a la base…
    saludos

  3. Patricia Raimundo Says:

    Me gusta el post porque genera debate, comparto la opinión de Carmen.
    El inseguro es quien se “idolatra” y al ser el directivo solo puede ser seguido por obsecuentes, y el que no lo es se verá terriblemente perjudicado en su labor diaria, pero considero que todo decanta por su propio peso, y los egocentricos desgatan demasiada energía valiosa en “amarse” y no en beneficio de la organización, esto no puede ser sostenible, no les parece?
    Gracias, saludos.

  4. daniel castro Says:

    Virginio, me ha parecido una reflexión sumamente clara. Es necesario destacar que la mirada desmesurada de sí mismo, la más de la veces es una defensa para equilibrar la carencia de amor propio… como siempre digo, exitoso no es el que sabe todo, sino el que “sabe, lo que no sabe”… tu reflexión me hace pensar, aquel que se sobreestima, no sabe cuan poco se quiere a sí mismo, y cuan poco se conoce…
    gracias, un abrazo

  5. gabrielginebra Says:

    Efectivamente, curiosa mezcla esta de la autoconfianza y la humildad, que es la base de todo gran talante. Yo llevo un año dándole vueltas al tema, y se me ha ocurrido una fórmula talante real/ por lo que te lo crees, que me sirve un poco para aproximar esta paradoja de saberse y querer ser excelente, considerándose a la vez un servidor. Intento explicarlo en el último capítulo de mi reciente libro.

    http://www.librosdecabecera.com/gestion-de-incompetentes

  6. gabrielginebra Says:

    Ah, Felicidades, Virgilio por el post, el debate y tantas cosas que siempre aprendo de tí.

  7. Carlos Duarte Says:

    Excelente post. La autoestima es buena hasta cierto punto. Coincido en que demasiada confianza en nosotros mismos nos puede volver miopes ante los cambios. Una buena dosis de humildad puede ser necesaria para darnos cuenta de que no siempre tomamos las mejores decisiones y que siempre tendremos la oportunidad de apoyarnos de otros que tienen más experiencia o visión que nosotros.

  8. Pilar Says:

    Excelente articulo; genera bastante reflexion sobre el comportamiento. Siento autoestima o soy egocentrista? Creo que mas de uno despues de leer el articulo iniciara la autoevaluacion.

  9. Antonio Garay Says:

    Con relación a la expresión de
    “Ama a tú prójimo, como a ti mismo” podemos convertirla convierte en “amate a ti para que el mundo te ame” Y si “te amas mucho el mundo te amará más”

    Añadiriá como reflexión el término siguiente:
    “Solo amandote a ti mismo, tendrás capacidad para amar a los demás”
    A partir de este concepto podemos complementar otros términos asociados, y que en el ejercicio de una profesión podemos denominarlos como autoestima, confianza, seguridad, elementos que permiten un desempeño no basado en la autocomplacencia y egocentrismo.

  10. guillermo ezquiaga Says:

    Creo que es así, cuando en realidad esos límites deberían estar en el la capacidad del equipo que lidera.


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